Por Ángel Sánchez, Senior Sustainability Consultant de Cushman & Wakefield
El punto de venta ha dejado de ser solo un espacio de transacción para convertirse en un entorno estratégico para las marcas. Hoy es el lugar donde se construye la relación directa con el cliente, se entiende mejor su comportamiento y se obtiene información clave para adaptar la propuesta comercial.
Esta transformación impulsa un retail físico más experiencial. Crecen los formatos boutique, las activaciones temporales, los brand events y las flagships concebidas como espacios que reflejan la identidad y valores de la marca, también desde el punto de vista de la sostenibilidad.
Al mismo tiempo, la tienda ya no funciona de forma aislada, sino integrada en la operativa como nodo logístico de última milla, conectado con la cadena de suministro para ganar eficiencia y reducir impacto.
Desde la óptica inmobiliaria, este cambio obliga a replantear qué aporta valor a un activo retail. La calidad del espacio, su capacidad para transmitir marca y sus credenciales en sostenibilidad ganan relevancia. Incluso la forma de valorar estos espacios puede evolucionar, perdiendo peso las fórmulas ligadas exclusivamente a ventas.
En este contexto, la sostenibilidad se consolida como un factor clave de creación de valor. No solo ayuda a proteger el atractivo del activo y reducir riesgos, sino que también mejora su posicionamiento ante inversores y ocupantes. Más que una tendencia, estamos ante un cambio estructural: el punto de venta se redefine como un activo estratégico y experiencial, clave para generar diferenciación a largo plazo.
Se puede leer en el número de mayo de Hi Retail en la página 26.