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Crisis de suministros: alarma global

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Lo nunca visto en España desde los años sesenta, seis meses de espera entre comprar un coche y tenerlo. Los móviles de última generación llegarán con cuenta gotas y hasta la siempre deseada PlayStation esta agotada, incluida la versión 5, precisamente cuando llega su momento dorado, el Black Friday, aunque eso sí, proliferan las ofertas de segunda mano por encima de los 600 euros.

Con la pandemia de coronavirus, la economía se paró. Lo hicieron muchas fábricas en Europa, y en Asia, donde se producen muchos de los productos que consumimos, así como materias primas necesarias para crear otros bienes. Así, por ejemplo, un coche fabricado en España ensambla otras muchas piezas procedentes de China.

El mundo se ha sumido en una espiral inflacionista de la que es difícil escapar y que ya amenaza la recuperación económica, especialmente en zonas dependientes de la industria básica, tremendamente afectada por el alto coste de la energía, el encarecimiento de las materias primas y las tensiones logísticas.

La crisis global de suministros afecta cada vez a más productos. Empieza a preocupar la falta de vidrio. De hecho, el sector del vino ya empieza a tener problema para embotellarlo. También el papel, una materia prima imprescindible para muchos sectores.

Con la reactivación del consumo tras la pandemia y el protagonismo del papel frente al plástico aumentan los pedidos, pero falta la materia prima. El papel que llega es un 20% más caro. El problema arranca durante la pandemia. El parón económico llevó a las industrias a no acumular stock, pero el consumo ya se ha reactivado. No solo falta papel, también escasea el vidrio. Las industrias creen que el problema se arrastrará hasta 2023.

Otro elemento grave es la crisis en el transporte marítimo internacional, presente en el 90 % de la cadena de suministro. La demanda es superior a la oferta, porque no hay suficientes barcos ni contenedores para atender todas las necesidades, lo que ha desequilibrado todo el engranaje del comercio global.

La situación se está agravando el colapso en determinados puertos de EE. UU., China y el Sureste asiático. El embudo no traga y el engranaje no ha sido capaz de recuperarse.

Las mercancías y materias primas llegan más tarde y más caras. Y es que trasladar un contender de Shangay a Barcelona solía costar 1.000 euros, pero las tarifas se dispararon hasta los 13.000 y 15.000 euros. Ahora, los precios rondan la mitad de ese máximo.

El problema no tiene tanto que ver con la cantidad de contenedores como con su ubicación. Se dice comúnmente que faltan contenedores cuando realmente no es cierto. Están mal ubicados.

Se ha dado una tormenta perfecta, en la que, al aumento de compra por internet de productos que vienen de Asia, se ha sumado la acumulación de contenedores en determinados lugares por las restricciones a la movilidad. Se fueron acumulando en Europa y Estados Unidos. Hay muchos contenedores que no han podido ser llevados a los puertos asiáticos de regreso. La guinda ha sido la meteorología durante los últimos meses en Asia, que hace que los rendimientos en los puertos, la carga y descarga de contenedores, todavía sea más lenta.

Las subidas del precio las vamos a ver en Navidad, probablemente, ya que los efectos de la logística suelen sentirse unos cuatro o seis meses después. El aumento de la demanda con el Black Friday aún puede agudizar la crisis, por lo en ocasiones se recomienda adelantar las compras navideñas.

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