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‘Slow fashion’ o cómo la industria de la moda puede ser más sostenible

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La slow fashion es la ropa confeccionada a mano, duradera y de calidad. En una industria tan contaminante como la textil, más aún desde la normalización de su antagonista, el fast fashion, es decir, ropa accesible, desechable, que solo dura una temporada y luego pasa al olvido o a convertirse en cenizas, es necesario que se implanten tendencias que puedan frenar este derroche.

La industria textil, además de las más lucrativas, es la segunda más contaminante, según varios estudios realizados. Primero, por la cantidad de materias primas –agua, algodón, etc.– que se emplean para confeccionar una prenda; segundo, porque cuando las firmas no venden todo lo que producen, el excedente se quema, con lo que esto supone para el medio ambiente. Cada año se producen cerca de 100.000 millones de prendas y países emergentes como China e India adquieren cada vez más los hábitos de ‘comprar y tirar’ del mundo desarrollado. Actualmente, en estos dos países, los habitantes consumen unos 6,5 kg de ropa al año, cifra que llegará hasta los 11 o los 13 en 2030. Parece un imperativo moral la necesidad de frenar este consumo excesivo de ropa.

Terminar con el ‘fast fashion’

La ONG Greenpeace sostiene que la solución es terminar con la moda del fast fashion. Según sus cálculos, si cada persona estira la vida útil de sus prendas de uno a dos años, se reducirán las emisiones contaminantes un 24 %, aunque la industria textil debería hacer su contribución y disminuir el ritmo de renovación de colecciones y presentar prendas que no se deterioren al cabo de pocos lavados. Emma Feriche, coordinadora de Proyectos Estratégicos de TecnoCampus, aseguró en La Vanguardia que hay que “educar al sector fabricando prendas de más durabilidad, y al consumidor, para que no consuma de forma compulsiva”.

Aquí entra en escena el término slow fashion, acuñado en 2007 por Kate Fletcher, profesora de Sostenibilidad, Diseño y Moda en el Centre for Sustainable Fashion, en Londres. Este movimiento adquirió importancia tras el derrumbe de una fábrica textil en Bangladesh en 2013, donde más de 1.100 personas murieron. Tras esta tragedia, las empresas y los consumidores comenzaron a interesarse por un sector que descabalga en toda la cadena productiva, desde el inicio hasta el final.

En esencia, este movimiento consiste en una oposición a la moda producida en cantidades descomunales y a la elección, en su lugar, de productos artesanales. También pretende fomentar el reciclado de prendas, comprándolas de segunda mano, y la selección de ropa fabricada con materiales sostenibles y duraderos. Y, por supuesto, persigue la disminución del consumo de ropa, de forma que no se haga compulsiva.

Moda y tecnología

La tecnología puede ponerse al servicio para que este cambio de chip se ejecute. Feriche sostiene se pueden crear “nuevos tejidos sin despilfarro de material a través de la impresión 3D. los restos generan muchos residuos que afectan al medio ambiente. Lo que está muy de moda es la economía circular, utilizando materias primas reciclables. Hay que acercar a la industria a valores de circularidad y sostenibilidad”.

Pero no hay por qué comprar únicamente prendas de vestir realizadas con una impresora 3D. Las prendas confeccionadas a mano, duraderas y de calidad también son responsables con el medio ambiente porque reduce los residuos de la industria textil, utiliza los recursos de la economía local y pone en valor la cultura nacional. Margarita Ruyra de Andrade, fundadora del portal online que apuesta por la slow fashion en España, Es Fascinante, asegura a Efe que este concepto “está ligado a la sostenibilidad de la naturaleza y a una economía local que ofrece mayores recursos a los artesanos y lucha contra la despoblación rural”.

Valentina Suárez-Zuloaga, cofundadora de Es Fasciante, sostiene que la slow fashion “es una inversión”. “Es mucho más inteligente y responsable invertir en piezas de buena calidad que comprar más por menos dinero”. Por ello, asegura que es necesario e importante educar a las nuevas generaciones en la compra responsable.

En España existen iniciativas similares en cuanto al objetivo de reducir el impacto ambiental del sector de la moda. Ecoadicta es una plataforma de fashion sharing que funciona a través de una suscripción mensual sin obligación de permanencia. Esta empresa de reciente creación permite a sus usuarios alquilar prendas y accesorios sin necesidad de acumularlos en su armario. Hay muchas opciones para reducir la huella ecológica de la moda.

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