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Ismael Clemente, CEO de Merlin Properties: “de todas las crisis se sale”

Entrevista publicada en el número 16 de Hi Retail

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Al CEO de Merlin Properties, el virus, que le ha afectado personalmente con fiebre y síntomas durante más de 4 semanas, no le ha impedido seguir trabajando y, sobre todo, liderando equipos para llevar a cabo iniciativas empresariales reconocidas por todos. Su compañía condonó el 100 % de las rentas a sus comercios, redujo un 25 % los honorarios del Consejo de Administración y eliminó el 100 % del bonus a la alta dirección. Dejando de nuevo a todos con la boca abierta, Ismael Clemente tomó la decisión para financiar la operación ‘Covichain Robots’, con la que se trajo desde China 4 robots para hacer tests PCR, que han sido instalados en hospitales de Madrid y Barcelona. En su natal Valencia del Mombuey, Badajoz, o en Madrid, al final nos queda una conclusión: el retail tiene futuro porque tiene ejecutivos valientes como Ismael Clemente.

Con las tiendas cerradas, los restau­rantes y los bares con reducción de aforo, no podemos hacer todo lo que conocemos. ¿Qué mensaje hay para el comercio?

Al inquilino, al operador, al empresario, el mensaje es que aguante con paciencia hasta que le permitan reabrir y, en función de lo que pueda hacer, de los empleados que tenga, de los costes fijos que pueda soportar, pues que vaya reabriendo cuan­do sea posible para recuperar la norma­lidad. Esto es lo esencial, aunque habrá algunos que no se recuperarán de este golpe; pero el que haya podido aguantar, que se recupere lo antes posible. En cuanto a los propietarios de locales y de centros comerciales, pues la misma historia. De momento, toca apretar los dientes y ayudar a los inquilinos en la medida de lo posible. No hay que hacer mucho caso del ruido volátil que siempre expresan algunas opiniones afirmando que todo se va a terminar, porque a veces, en esta sociedad bastante ‘blandita’ en la que vivimos, el individuo tiene una especie de ‘rollo mesiánico’ que cree que el mundo empieza o cambia o sufre una disrupción justo cuando él nació.

El retail y, en general, el mundo lleva funcionando muchos años y todas las tendencias tienen un punto álgido en el que todos hablan de ellas, hay mucho ruido y mucha volatilidad, pero luego acaban por converger a una normalidad más o menos parecida a la que ha venido funcionando siempre. En este caso ocurre con la acele­ración de la ganancia de cuota de merca­do del comercio online.

En el mundo de la restauración, alguien que ha triunfado como Ferrán Adrià ha resumido su mensaje con una frase: abrir y llenar, ¿qué le parece? Hay que pensar que las limitaciones de aforo son excepcionales y temporales, cuando lo esencial es que no haya contagios. Espero que las limitaciones pasen y, mientras, aceptarlo como viene, aunque sí, lo mejor para los restaurantes y para el retail es, como dice Adrià, abrir y llenar. Esperemos que pronto sea posible.

¿Con los efectos de la pandemia, ha ga­nado la batalla el comercio digital?

Veremos. Es un reequilibrio del mercado con un nuevo actor que es el comercio online. Tú tienes experiencia en esto y re­cuerdas, por ejemplo, los años 80, cuando se predijo el final del comercio de calle al llegar los Pryca y los centros comerciales, que al final sólo han alcanzado una cuota del 18 % de las ventas minoristas.

Se produjo un estrechamiento de cuota del comercio de calle y de los grandes almacenes, que donde había varios ope­radores, solo quedó El Corte Inglés. Está­bamos en un nuevo equilibrio y al llegar el e-commerce, ha ganado cuota, que ahora es un 6 %, pero llegará hasta un máximo, un 20-25 % o el que corresponda, de for­ma que se tendrán que estrechar los otros formatos para hacer hueco al nuevo juga­dor porque, al final, “la tarta” solo puede sumar cien por cien para todos.

Para impulsar la reconstrucción económica, ¿la solución es arbitrar un gran programa de inversión pública?

Yo creo que no, ya lo inventó Keynes como un mero mecanismo de estabilización temporal. Cuando se produce una recesión cíclica, los gobiernos inician medidas anticíclicas, mediante la emisión de deuda y la realización de infraestructuras que crean empleo y reactivan de nuevo el tejido productivo, pero eso requiere un presupuesto con un nivel previo de endeudamiento y déficit que sea sano, que no es el caso.

Nosotros, en los años en los que había que haber generado superávit primario y haber amortizado deuda pública, no lo hicimos. Hemos optado por una especie de hípercrecimiento continuado, con un cierto grado de traslación de dinero publico a la economía.

El resultado es que ahora que vienen mal dadas, nos coge con un alto grado de en­deudamiento y con unas primas de riesgo y un precio de la deuda pública que se ha incrementado, y no se ha incrementado más por la ayuda que nos está dando el Banco Central Europeo.

Malamente vamos a tener mucho dinero público para poder invertir. Provocaría dispararnos en deuda pública, que está ya en máximos absolutos. Por tanto, de esta crisis habrá que salir fundamental­mente por el sector privado, y para salir por el sector privado, lo mejor es, en la medida de lo posible, permitirle que vaya funcionando y que vaya teniendo cuantas menos trabas absurdas del sector público para actuar, mejor. Es decir, eliminación de regulación, acortamiento de plazos, repensar el silencio positivo en multitud de trámites, tratamiento al contribuyente como un gran cliente, protegerle y cuidar­le, etc.

Muchas de estas cosas suenan hoy medio “naif» o medio temerarias, pero, en reali­dad, no costaría mucho hacerlas, porque no cuestan dinero y reactivan la economía en un abrir y cerrar de ojos.

Madrid Nuevo Norte, ¿un proyecto así si­gue siendo viable y rentable?

Sí, va a ser rentable, porque, al final, a largo plazo, no deja de ser un proyecto perfectamente asumible de calidad en la ciudad. Nadie se había hecho la ilusión de que esto era una cosa inmediata, ni de 4 o 5 años, sino que teníamos claro que esto será un proyecto de 40 años.

A pesar del momento actual, hemos teni­do suerte. Si en una situación como esta, te coge cuando ya tienes los edificios levantados y estas empezando a comer­cializar “te cruje”, pero como nos ha cogido todavía en fase de plani­ficación de obra pública, firma de convenios con las administraciones e inicio de ejecución, no hay problema.

 

Madrid Nuevo Norte

¿Las 3 claves para superar la situación son innovación, transformación digital y laboratorio de ideas?

Creo que sí, pero hay que ir muy “despa­cito”, porque estas cosas no ocurren de un día para otro. Habrá que ir a una cierta reindustrialización de nuestra economía, que descansaba de forma extraordinaria en el sector servicios.

Por tanto, habrá una cierta reindustrializa­ción y habrá menos pere­za que la que había antes, cuando todos los procesos repetitivos e industriales se hacían funda­mentalmente en China y muchas veces en India, por­que se consi­deraban con­taminantes, intensivos en mano de obra y todo eso se asumía con cierta natura­lidad.

Se pensaba que en Europa no se podía hacer y que era mejor hacerlo en China, porque allí no hay ninguna protección laboral o los costes son mas baratos y aquí nos limitábamos a hacer lo fácil, “lo bonito y lo limpito” que es la recomercialización la importación, la compra-venta, sin “mancharnos las manos”. Esto seguramente, en los próximos años, irá cambiando y habrá algunas cosas, como ya ha empezado a hacer EE.UU., que se reindustrializarán y se volverán a fabricar localmente. En nuestro caso, probablemente a nivel europeo, se empezará a hacer una cierta reindustrialización de Europa.

Ahora se cuestiona lo público, mientras se ensalza lo privado. Hemos conocido su valentía para traer los robots de China. ¿Dónde está la clave, en la colaboración público-privada?

Es precisamente eso, la colaboración público-privada, superar de una vez la desconfianza mutua, que en España, fundamentalmente, es de lo público hacia lo privado, pero también nos tenemos que acusar algunas veces los privados de despreciar lo público, porque nos parece muy lento, muy burocrático.

Para traer los robots de los tests masivos PCR, cuando la administración pública ha podido intervenir, nos ha ayudado. Lo que a ellos no les puedes pedir es rapidez en la toma de decisiones o en el momento del pago. Pero una vez que eso estaba hecho, para todo lo que ha sido necesario nos han ayudado con los permisos de exportación desde China, los permisos de importación en España, con la homologación, con las aduanas, con la selección de hospitales de destino; nos han ayudado en todo. Yo creo que ese es el espíritu, que cada sector, privado y público, cumpla su función y colaboren de una forma relati­vamente -diría- honesta y transparente, el uno con el otro, porque nos necesitamos. Porque el sector público, si no hay alguien que le pague los sueldos, no funciona. Y el sector privado, pues hombre, está bien que haya unas regulaciones mínimas, que caracterizan a los estados modernos como estados sociales de derecho.

Hay que mirar la hoja de excell para ga­rantizar la viabilidad y la rentabilidad del negocio, pero ¿también hay que mirar a la bolsa y los mercados?

Es complicado, hoy en día con el trading algorítmico, con la robotización, el mer­cado se ha vuelto bastante loco, hay una cierta dislocación que, en nuestro caso, la hemos visto patente. Comenzaron ven­diendo todos los algorítmicos suponían el 30 % de nuestro trading, esos hicieron saltar los stops de los grandes institu­cionales, los institucionales tuvieron que deshacer sus posiciones, una especie de vorágine causada por una extraordinaria volatilidad de pensamiento.

También hay que tener en cuenta que, hoy en día, la gente que trabaja en esto cada vez es más joven y tienen menos experiencia de crisis anteriores. En fin, ha sucedido, que se han comportado como una especie de “jaula de pájaros”. No pasa nada, eso no deja de ser una superestructura. Gracias a Dios, no tenemos que acudir a los mercados públicos, ni para financiarnos ni para levantar capital, en el corto plazo, que es lo que realmente te podría afectar y hacerte daño. Pero si tienes reservas suficientes y puedes aguantar, ves que estas dislocaciones de mercados públicos, más tarde o más temprano, acaban normalizándose.

Un consejo al pequeño inversor, ¿tecnológicas, bienes raíces o industria?

Yo diría, en estos momentos, industria y bienes raíces. Parece extraño lo que digo, pero creo que las tecnológicas, en general, están tremendamente sobrevaloradas y los bienes raíces no están descontando todavía ningún posible efecto de inflación y, más tarde o más temprano, a base de imprimir masa monetaria, va a venir la in­flación. Y la industria, fundamentalmente por relocalización, también juega a favor de mano, porque, como te decía antes, creo que habrá que reindustrializarse un poquito.

¿Merlin Properties va a seguir en lo suyo, bienes raíces, suelo, retail o va a entrar en cosas nuevas?

No, no. Merlin, en lo suyo. Los inversores valoran bastante el que te dediques de forma especializada a una sola cosa y no intentes tampoco ser una especie de con­glomerado industrial japonés, que igual hace guitarras, que motos.

Falta acuerdo nacional. Se ha hablado de los Pactos de la Moncloa, ¿estamos lejos de aquel acuerdo nacional?

En aquel momento, ese acuerdo nacional se hizo posible por una voluntad de entendimiento. Estaba todavía relativamente reciente el desastre que habían causado nuestros políticos en España y que culminó con la Guerra Civil. Entonces, en la Transición había una altísima calidad en la clase política, todos venían de hacer algún tipo de trabajo previo de un cierto prestigio social y era gente especialmente válida, que se entendían entre ellos y que pactaron con la idea de hacer un país mejor.

Hoy en día, eso es más complicado, porque gran parte de la clase política ha nacido y se ha criado a los pechos del aparato político, carecen de experiencia previa, carecen de prestigio social. Hoy, precisamente lo más dañino es el bajo prestigio social de la clase política, que mina su liderazgo, y es normal porque lo que vemos, lo que han aprendido, es una especie de oportunismo cainita, basado en la demoscopia: si esto me da votos, si no me da votos. Vivir gestionando permanentemente el voto te puede dar el poder, pero no es lo que necesariamente hace progresar a un país.

Un último mensaje: ¿salimos de esta?

Si hombre, salimos de esta, como hay Dios. Tanto de la crisis sanitaria como de la económica. El único problema de esto es que haya un populismo, de un signo o de otro, que lo vehiculice y lo convierta en un elemento de enfrentamiento y de polarización de la sociedad, que acabe con violencia y un ambiente social y de trabajo irrespirable. Eso se carga un país. Si entramos en esa espiral destructiva, obviamente ya no tendremos un país, tendremos un estercolero y, después, la miseria, como hemos visto en muchos países de Latinoamérica. Si eso no ocurre, de la crisis sanitaria se sale, con un montón de muertos y con un montón de secuelas, por supuesto, pero se sale. Y de la económica, de todas las crisis económicas, más tarde o más temprano, con una política acertada, se sale. Lo que pasa es que convendría que esas políticas acertadas las hiciera gente que tuviera un conocimiento relativamente ortodoxo de la economía.

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